Cara a cara

El misionero: el clásico para una cercanía de verdad

Relajada

El misionero tiene fama de ser la postura "por defecto", y precisamente eso es lo que se le suele reprochar. Pero que exija poco esfuerzo es aquí una ventaja, no un defecto: casi ninguna otra postura os acerca tanto, con tanto espacio para el contacto visual, los besos y las palabras.

Cómo funciona

Una persona está tumbada boca arriba, la otra se tumba o se apoya encima, con las caras enfrentadas. Las piernas de quien está debajo pueden quedarse juntas, doblarse un poco o enroscarse alrededor de la otra persona: pequeños cambios que ya transforman bastante la sensación.

Por qué genera tanta cercanía

Ningún otro ángulo acerca tanto vuestras caras. Podéis miraros a los ojos, susurraros, besaros, sin retorceros. Por eso esta postura funciona tan bien para un sexo lento y tierno, o para esos momentos en los que solo queréis estar cerca el uno del otro.

Pequeños ajustes, gran diferencia

  • Un cojín bajo las caderas de quien está debajo cambia el ángulo de forma notable, a menudo con más contacto en el clítoris.
  • Quien está encima puede hacer círculos con las caderas en vez de solo empujar: probad las dos cosas y fijaos en qué funciona.
  • Las manos quedan libres: sujetar una cara, apartar el pelo, agarraros el uno al otro.

Para quién es especialmente buena

Para quien quiere hablar y mirarse mientras pasa. Para las noches con poca energía en las que aun así apetece cercanía. Y para quien esté harto de que la llamen "básica": probad los pequeños ajustes de arriba antes de juzgarla.