Juegos previos

Dominación en los juegos previos: cuánto control puede intensificar el deseo

Todo el día tomamos decisiones: qué hacer primero, qué queda pendiente hoy, quién tiene que devolver la llamada a quién. No es de extrañar que a mucha gente le resulte tremendamente liberador soltar esa carga durante unos minutos, o, al contrario, asumirla de forma consciente. Ese es justo el núcleo de la dominación en los juegos previos: no un montaje BDSM cerrado, con equipo y reglas, sino un juego de guía, atención y confianza que cualquier pareja puede probar en pequeñas dosis.

Por qué los juegos de poder resultan tan atractivos

Tomar la iniciativa significa prestar atención plena y consciente a la otra persona: leer sus reacciones, marcar el ritmo, ser responsable de lo que viene después. Ceder la iniciativa significa no tener que decidir nada durante un rato, poder dejarse llevar. Ambas cosas pueden ser enormemente relajantes, sobre todo para quienes ya tienen el día a día lleno de responsabilidades. Y como los dos papeles exigen mucha atención mutua, el resultado suele ser más cercanía, no menos.

Empezad por lo pequeño

No hace falta empezar con ataduras ni con un guion de rol cerrado. Basta con una entrada suave:

  • Uno de vosotros da, durante diez minutos, una única instrucción cada vez: «quédate justo así», «mírame».
  • Preguntad antes: «¿Puedo llevar yo la iniciativa esta noche?». Solo esa pregunta ya hace que el juego se sienta real.
  • Usad la mirada y el tono de voz como primeras herramientas, antes incluso de que llegue el contacto.

Una guía física suave

La dominación no tiene por qué ser brusca ni ruidosa. Sujetar con suavidad las muñecas por encima de la cabeza, guiar con la mano el movimiento de las caderas, pedirle a la otra persona que se quede quieta mientras avanzáis despacio: a menudo basta con eso para que la sensación de control se sienta real. Ir más despacio es en sí mismo una forma de poder: quien decide cuánto dura la espera ya lleva la iniciativa.

No hace falta comprar nada

Para empezar no hace falta ningún accesorio de tienda especializada: casi siempre basta con lo que ya anda por casa. Una toalla suave, colocada sin apretar sobre los ojos, le quita la vista a la otra persona y de paso agudiza el resto de los sentidos: una caricia se siente mucho más intensa cuando no la ves venir. Un pañuelo o una camiseta vieja sirve igual de bien para atar las muñecas sin apretar, no para inmovilizar, sino para hacer palpable esa sensación de «ahora me suelto». Y muchas veces basta con vuestra propia fuerza: apretad con suavidad las caderas de la otra persona contra la cama, o sujetadle los brazos bien envueltos entre los vuestros, en lugar de buscar algo con lo que hacerlo. La sensación de «ahora mismo no soy libre, y es justo lo que quiero» suele nacer solo del gesto.

Si más adelante queréis ir a más, claro que existe equipo pensado para eso. Solo que no hay ningún motivo para empezar por ahí.

Palabras que toman la iniciativa

Unas pocas frases claras, dichas con calma, suelen tener más efecto que cualquier accesorio: «Quédate así». «Todavía no». «Muy bien». Por otro lado, el papel que se entrega también necesita palabras: un simple «sí» o un gesto de asentimiento mantiene vivo el juego y muestra que esa iniciativa es bienvenida.

Hablad antes de los límites

Cuanta más intensidad entra en juego, más importante se vuelve una conversación breve de antemano: qué apetece esta noche, qué queda fuera de límites, y con qué palabra avisa alguien cuando ya es suficiente. Un sistema sencillo de semáforo —verde, ámbar, rojo— es más que suficiente para empezar. Para saber más sobre palabras de seguridad y sus fundamentos, echad un vistazo a nuestro artículo dedicado al tema.

No tiene por qué ser "el papel" para siempre

A quien hoy le gusta llevar la iniciativa quizá la semana que viene le apetezca que le guíen a él o ella, y eso no es una contradicción, es normal. No os encasilléis. Probad los dos lados, comentad después qué os ha sentado bien, y dejad que el juego evolucione con vosotros.

Al final, la dominación en los juegos previos no va de quién «gana». Va de cuánta confianza pueden regalarse dos personas cuando una de ellas decide, de forma consciente, ceder el control durante un rato.